ANIQUILACIÓN

ANIQUILACIÓN

El ser humano tiende inevitablemente a la autodestrucción. A veces surge como un impulso del subconsciente que nos incita a dinamitar nuestra percepción de nosotros mismos o las relaciones con los demás sin que prácticamente lo advirtamos; otras, sin embargo, se convierte en pura determinación que nos lleva a sabotear toda una vida en busca de un propósito que probablemente no exista. Lejos de convertirse en un error genético irremediable, la autodestrucción es una de las cualidades que mejor define nuestra naturaleza humana. Es a través de ella como alcanzamos la redención y el proceso al que nos sometemos para sobrevivir cuando todo lo demás comienza a carecer de sentido. Del caos surge la creación, de los errores, la evolución, y la destrucción de una parte de quienes somos —o éramos— nos transforma en alguien completamente nuevo.

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Aniquilación (2018), estrenada en cines en Norteamérica el pasado Febrero, llega directamente a los salones del resto del mundo a través de Netflix, donde actualmente podemos disfrutar de su visionado. Su director, el británico Alex Garland, deslumbró con su debut tras las cámaras con la brillante Ex Machina (2015), una cinta que devolvía la esperanza a los entusiastas de la ciencia ficción inteligente y atrevida, esa en la que priman las preguntas sobre las respuestas y la reflexión sobre la distracción.

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La película narra la misión de cinco científicas en una zona acordonada por el gobierno estadounidense en la que se han producido extraños fenómenos debido al impacto de un meteorito. Todo aquel que ha entrado en la zona, denominada en la cinta como “El Resplandor”, no ha vuelto con vida, exceptuando al marido de Lena (Natalie Portman), una de las integrantes del grupo y protagonista de la historia. Destaca que el grupo de personajes principales esté conformado íntegramente por mujeres (Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, Tessa Thompson y Tuva Novotny), pero más aún la naturalidad con la que la narración se adapta a este hecho de manera natural y coherente.

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Alex Garland instaura un ritmo lento al comienzo de la cinta, aunque progresivamente se irá acelerando conforme nos adentremos en “El Resplandor” y la historia se aproxime a su desenlace. Esto permite estirar la tensión de un relato que mezcla conceptos de ciencia ficción dura con elementos propios del cine de terror, aunando referencias clave de ambos géneros (Stalker, 1979; La Cosa, 1982, o la más reciente Under The Skin, 2015). La refracción o reverberación, elemento clave en la película, no solo se refleja en los cambios tonales de la narración, sino que impregna sus imágenes con contrastes de paisajes vitalistas y pesadillescos; intercala el preciosismo  naturalista con su vertiente más gore y grotesca; se adueña del sonido a través de una banda sonora tan inquietante como atrayente; y distorsiona la línea que separa la autodestrucción de la aniquilación en un clímax que plantea cuestiones existenciales que nos acompañarán más allá de los psicodélicos títulos de crédito.

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“The Martian”: La ciencia de la supervivencia.

“The Martian” (2015)

Ridley Scott, el director británico artífice de obras de culto como “Alien” (1979) o “Blade Runner” (1982) venía dejando, de un tiempo para acá, un sabor agridulce con cada una de las películas que estrenaba. Esta irregular racha llega a su fin con “The Martian” (2015) su último trabajo, estrenado el pasado 16 de Octubre en España.

La película nace como adaptación de la novela homónima del escritor estadounidense Andy Weir y cuenta la historia de Mark Watney, interpretado en la película por Matt Damon (sí, aquél al que ya hubo que rescatar en “Interstellar” 2014 y en “Saving Private Ryan” 1998) un astronauta que tras sufrir un accidente durante una misión en Marte es dado por muerto por el resto de su tripulación, siendo abandonado a su suerte en el planeta rojo.

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Son muchas las comparaciones con “Cast Away” (2000) aquella película en la que Tom Hanks naufragaba en una isla totalmente desierta, sin más compañía que un balón de voleibol llamado Wilson. Una pequeña anécdota: Tom Hanks no ganó el Oscar a mejor actor ese año (ya tenía dos por aquél entonces) arrebatándoselo Russell Crowe por su papel en “Gladiator” (2000), dirigida por…Ridley Scott.

Si bien es cierto que los paralelismos son claros, “The Martian” da un paso más allá en ambición, y la búsqueda de la supervivencia aquí no es tan “sencilla” como en una islita desierta de nada. El planeta rojo, donde no hay oxígeno que respirar, ni agua que beber (habría sido un puntazo que Matt Damon la descubriera en la peli, pero no), ni comida con la que alimentarse. Uno de los lugares más inhóspitos en los que quedarse varado, donde ni las bacterias son capaces de sobrevivir debido a la temperatura y las radiaciones.

Sin embargo, Mark Watney tiene un arma infalible: la Ciencia. Mark es astronauta, pero más importante aún que eso, es botánico, y sabe que puede sembrar patatas con su propia mierda, entre otras muchas cosas guays. Si en Náufrago el problema que se explota es la dificultad del ser humano para enfrentarse a la soledad, en “The Martian” el ser humano adquiere una dimensión menos importante. En palabras del propio Mark, durante un monólogo cargado de emotividad: “si muero, habré muerto por algo que es mucho más importante que yo”.

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La Ciencia adquiere, pues, total protagonismo en una historia que se nos cuenta de manera excelente, manejando los tiempos con muchísima precisión gracias a la estructura narrativa que hereda de la novela, y que se hace muy amena gracias al constante intercambio de escenas entre Marte, donde se consigue una fotografía espectacular durante algunas tomas aéreas, y la Tierra, donde la NASA trabaja a destajo en un plan de rescate.

Además de la supervivencia y la más que obvia temática de ciencia ficción, “The Martian” también explota el humor, la mayoría de las veces proveniente de nuestro carismático protagonista, y otras del resto del elenco, donde cada personaje aporta su granito de arena a la historia, desde una convincente Jessica Chastain como la comandante Lewis (a la que debemos que la banda sonora sea muy disco) hasta un divertidísimo Donald Glover, astrónomo de la NASA con aparición protagonista estelar.

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Jessica Chastain como la comandante Lewis

Destacar los diálogos, cargados de realismo tanto en las apreciaciones técnicas y científicas como en la manera de desarrollarse en algunos tramos de la cinta, como confirma el astronauta español Pedro Duque en esta entrevista. El tacto con el que se transmiten algunas noticias, las bromas que se gastan los miembros de la tripulación unos a otros y los intensos debates que surgen durante la toma de decisiones están conseguidos con un nivel de realismo digno de reconocimiento.

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En definitiva, una obra muy redonda, que puede pecar de “positiva” en algunos momentos, pero que le den al cinismo si es que así se consigue contar una historia de aventuras espaciales de tal calibre. Quizás no llegue al nivel de trascendencia que alcanza “Interstellar” (2014) porque no creo que sea lo que busque, y sin duda supera en realismo y emociones a “Gravity” (2013) por lo que “The Martian” se postula como una de las películas más equilibradas en cuanto a viajes espaciales se refiere. Bravo por Ridley Scott, un verdadero científico en el arte de hacer cine.

PD: En esta película sale Sean Bean y, por increíblemente que parezca, no muere, así que él más que nadie disfrutará el temazo final de los créditos: “I will survive”.