Hacer una muesca en el Universo. Darle a la mente humana su bicicleta particular. ¿Pueden los ordenadores ser cuadros? ¿Obras de arte ideadas por el imaginario de un hombre? Steve Jobs creía que sí. Y convenció a medio mundo de ello. Danny Boyle dirige con determinación este atípico biopic sobre el cofundador de Apple, de cuyo guion se ha encargado Aaron Sorkin, aclamado por otros trabajos como “La Red Social” (2010), con la que “Steve Jobs” (2015) comparte ciertas similitudes, ya que también iba a ser dirigida por David Fincher. Una pena que acabase saliendo del proyecto.

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La estructura narrativa de la obra es original, sencilla y solvente. No es casual que estas características sean comunes en los productos de la manzana mordida. La película consta de tres partes, tres actos muy bien diferenciados que corresponden a los momentos previos de tres presentaciones de productos icónicos en la vida de Steve Jobs: la presentación del Apple Macintosh en 1984, la del NeXT en 1988, y finalmente, la del iMac en 1998. Como curiosidad, fue Lope de Vega, durante su etapa de teatro barroco (revolucionario en su tiempo) el primero en estructurar la obra en tres actos claramente diferenciados, y no en cinco, como se venía haciendo hasta entonces. El “Fénix de los ingenios”, llamado así por Miguel de Cervantes al haber sido uno de los autores más prolíficos del siglo de Oro del teatro español, fue también quien se encargó de romper las normas que encorsetaban al teatro antes de su etapa dorada, por lo que podríamos decir que sí, Lope de Vega, como Steve Jobs, también era una visionario.

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Durante el tiempo que precede a esas presentaciones, que nunca, bajo ningún concepto, podían empezar tarde, podemos ver a Steve Jobs enfrentándose a los problemas que más marcaron su carrera, tanto profesional como sentimentalmente: la obsesión por el control, los obstáculos que le suponían las relaciones humanas, la paternidad o las diferencias de visión con sus coetáneos dentro de la empresa. La banda sonora se integra perfectamente en los momentos dramáticos de la película, coincidiendo con la aparición de pequeños flash backs puntuales que ayudan a construir la trama argumental, y que ofrecen al espectador la suficiente información como para despertar en ellos la curiosidad sobre la historia de un hombre extraordinariamente complejo.

Lo cierto es que el guion de Aaron Sorkin ofrece más preguntas que respuestas durante todo el metraje, al menos desde mi posición, la de alguien que no ha indagado demasiado en la vida del genio/sociópata. Pero eso sí, he disfrutado hartamente de las frases lanzadas como cuchillos a través de pasillos y bastidores.

'Steve Jobs' film - 2015

Michael Fassbender consigue meterse dentro de la piel de uno de los personajes más representativos de nuestra época, exhalando talento en cada matiz de su interpretación, lo que bien le podría valer como aval en esta temporada de premios cinematográficos. Todo son halagos también para Kate Winslet, Jeff Daniels y, especialmente, Seth Rogen, al que estamos acostumbrados a ver en comedia, y que demuestra aquí que su capacidad para el drama es bastante notable.

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Es necesario elogiar el trabajo del reparto en una película en la que las interpretaciones y los diálogos actúan como el armazón que evita que todo se desplome. Steve Jobs creía que la mente humana necesitaba de una “bicicleta” para alcanzar el máximo de su potencial, y a ello se dedicó en el diseño de sus productos. Aaron Sorkin consigue precisamente esto con su guion, regalando a los actores su bicicleta particular, con la que consiguen sacar el máximo partido a sus apariciones en escena. Steve Jobs estaría orgulloso, pues como él decía, la creatividad consiste en conectar cosas, o en definitiva, en tocar la orquesta.

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El director y productor Danny Boyle y el guionista Aaron Sorkin en el set de “Steve Jobs”.

Para finalizar, no puedo evitar preguntarme qué habría sido de este proyecto si hubiese continuado en manos de David Fincher. Danny Boyle no hace un mal trabajo, de hecho se contiene, dejando el escenario libre para su compañero guionista, pero a la hora de rematar el tercer acto, la cosa decae un poco. Parece que es necesario que el público se reconcilie completamente con Jobs, que lo entienda, que empatice con el genio y se olvide del sociópata, y bueno, puede que funcione con algunos, pero no con aquellos que esperábamos más sombra en lugar de luz, más Fincher y menos Boyle. Nos queda el consuelo de poder ver cuando queramos el retrato sobre Mark Zuckerberg que David esbozó en la fantástica y anteriormente mencionada: “La Red Social” (2010).

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