13 Películas para volverse loco

13 Películas para volverse loco

Hace poco pude ver, rulando por las redes sociales, una lista de películas “para gente extremadamente inteligente”. Se suponía que esas películas eran tan complejas que era imposible disfrutar de su visionado a menos que fueras un Einstein cinéfilo. Voy a guardarme mi opinión sobre esa lista para ofrecer la mía propia, elaborada a partir de una selección de las 13 películas más extravagantes, complejas, raras, o cualquier otro adjetivo que queráis usar para definir su inusualidad, que he visto este año. Algunas de estas películas son peculiares en su forma: dirección, montaje, composición de los planos, etc. Otras en su contenido: guión complejo, toques surrealistas y oníricos, uso de simbolismos… y por último, están las que contienen el pack completo, más raras que un viejo pelirrojo.

La gran mayoría de estas películas me han encantado, hipnotizándome de principio a fin. Algunas otras, en su infinita singularidad, por decirlo de algún modo, me han dejado muy loco, sin ni siquiera saber si me han gustado o no. Y he de admitir que con una de ellas me dormí, y eso que para mí es un pecado capital quedarse dormido viendo una película. En mi defensa diré que era una hora muy mala.

Allá van, como reto cinéfilo para todo aquel intrépido que se atreva a sumergirse en ellas, mis 13 películas para volverse loco:

  1. “Inherent Vice” (2014) Dirigida por Paul Thomas Anderson.

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            Adaptación de una novela de Thomas Pynchon, uno de los escritores estadounidenses más inaccesibles de la actualidad. De narrativa compleja, guión laberíntico y situaciones que rozan la paranoia, que es lo que se persigue. Excelentemente rodada, con una fuerza bestial, casi mística, ofreciendo un vendaval de escenas tan divertidas como embriagadoras. Ideal para verla bajo el efecto de psicotrópicos (eso último era una broma pero lo dejo a elección de cada uno).

  1. “Under the Skin” (2014) Dirigida por Jonathan Glazer.

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            Una extraña pero memorable película sobre los horrores y las maravillas de ser humano, en clave sci-fi y con Scarlett Johansson haciendo de alien en uno de los papeles más complejos, arriesgados y brillantes de toda su carrera. BRAVO.

  1. “Borgman” (2013) Dirigida por Alex van Warmerdam.

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            Un hombre se cuela en la casa de una familia de clase alta, aparentemente normal. Este hombre es Borgman. ¿Un vampiro?, ¿un ángel?, ¿un demonio?, ¿un extraterrestre?, ¿la representación de la clase obrera?, ¿el mal encarnado? Intentar definir qué es “Borgman” es como tirar de las cintas de una piñata y que nunca caiga nada.

  1. “Frequencies” (2013) Dirigida por Darren Paul Fisher.

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            Voy a definir ésta con solo tres palabras: Destino, amor, música.

  1. “Valhalla Rising” (2009) Dirigida por Nicolas Winding Refn.

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            Las películas de Winding Refn suelen basar casi toda su fuerza narrativa en lo visual. Puede que esta película sea el mayor exponente de su estilo. Posee mucha fuerza y violencia, pero también hay belleza en ella. No sé si alguien alcanzará el Valhalla viéndola, a mí, esas miradas al infinito me condujeron a un sueño de lo más profundo.

  1. “Synecdoche, New York” (2008) Dirigida por Charlie Kaufman.

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            Ver “Synecdoche, New York” es una experiencia agotadora. Exige el máximo a cambio de dar lo máximo, y con dar lo máximo me refiero a todo, a la vida. Estoy hablando de palabras mayores, pero para que os hagáis una idea: la mejor actuación de la carrera de Philip Seymour Hoffman está aquí, y es la actuación de todos nosotros. Qué genio Kaufman.

  1. “Mulholland Drive” (2001) Dirigida por David Lynch.

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            La película más famosa de uno de los maestros modernos del surrealismo. Dos mujeres perdidas en un sueño que comienza en la carretera más emblemática de Hollywood. La envidia, el rencor, los celos, el odio, la culpa. Obra maestra, más accesible de lo que parece, sobre todo gracias a su tramo final.

  1. “Perfect Blue” (1997) Dirigida por Satoshi Kon.

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            A partir de “Perfect Blue” nació este blog, puedes visitar la entrada aquí. Puede que esta película, obviando que es un anime, sea la menos inusual de esta lista, pero eso sí, es un thriller donde la paranoia y las ganas de averiguar qué cojones está pasando están aseguradas.

  1. “In the Mouth of Madness” (1994) Dirigida por John Carpenter.

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            Profeso un amor incondicional por este director y por todo lo que ha hecho, por eso escribí este post sobre algunas de sus películas más populares. Te aconsejo que antes de ver esta obra y sumergirte en la boca de la locura, veas alguna otra de sus películas, porque si no, el trauma ante esta pesadilla Lovecraftiana puede estar asegurado. Yo me fui temblando a la cama.

  1. “The Double Life of Veronique” (1991) Dirigida por Krzysztof Kieślowski.

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            Tuve el placer de verla en Praga, y puede que sea eso lo que la hizo tan especial. La belleza de Irène Jacob ilumina cada escena de esta hermosa y rara película, transmitiendo puro amor hacia la vida, por cotidiana o extraordinaria que ésta sea.

  1. “Videodrome” (1983) Dirigida por David Cronenberg.

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            Puede que “Videodrome” no pretenda ofrecer un viaje agradable, pero definitivamente nos enseña una lección que todo aficionado al cine debería tener en cuenta: es muy malo vivir en un estado altamente excitado de sobre-estimulación. Profética e incómoda. Dicho esto, larga vida a la nueva carne.

  1. “Persona” (1966) Dirigida por Ingmar Bergman.

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            Me parece dificilísimo calificar esta obra. Creo que realmente es imposible, debido a que existe una dualidad en mi interior, de amor/odio, en batalla constante. Hay personas (nunca mejor dicho) que dirán que es una obra maestra absoluta. Otras negarán con la cabeza y se arrepentirán de haber perdido el tiempo viendo esta película. Juzguen ustedes.

  1. “El Ángel Exterminador” (1962) Dirigida por Luis Buñuel.

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            Cuando terminé de ver esta película no había entendido casi nada, más allá de que para un extravagante grupo de la burguesía es imposible abandonar la casa donde han sido invitados a una cena, pero por lo que he leído, ojalá Buñuel la hubiese hecho en Francia, “se habría liao”. Lo que si entiendo es que es una clase magistral de cómo introducir lo fantástico en lo cotidiano. Imprescindible.

Espero que el post os haya resultado entretenido, que la lista sea útil, os atreváis con el reto que supone verlas todas y que la compartáis con todos vuestros amigos. Si queréis comentar alguna otra película que os haya parecido particularmente rara o inusual, podéis hacerlo abajo del todo en los comentarios, ¡os invito a que participéis!.

SICARIO: Cruzando líneas.

SICARIO: Cruzando líneas.

Hay muchos tipos de líneas. No me refiero a las líneas de metro ni a las que se dibujan con polvo blanco sobre un lavabo, aunque éstas guarden una estrecha relación con la película de la que vamos a hablar a continuación. Me refiero a las líneas que se marca el propio ser humano. Líneas que nos delimitan, que nos definen, que nos encierran y nos liberan.

En “Sicario” (2015) la nueva película de Denis Villeneuve, nos metemos hasta el cuello en el mundo del narcotráfico, sobrevolamos El Paso, cruzamos la frontera natural que supone el río Bravo, y pisamos el horror en la tierra que es Ciudad de Juárez, estado de Chihuahua, México. Nuestro punto de vista será el de Kate Macer (Emily Blunt), una joven agente del FBI especializada en misiones de rescate de rehenes que es reclutada por Matt Graver (Josh Brolin) quien dirige un equipo de inter-agencias (DEA, CIA) cuyo objetivo último es el de golpear duro al narcotráfico, en concreto al cártel más importante y sanguinario de México. El grupo contará con el asesoramiento de Alejandro (Benicio del Toro) un hombre enigmático, turbio y temible.

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Como ya hiciese “Traffic” (2000), en la que también participó el propio del Toro, “Sicario” ofrece una visión horripilante, cruda y realista del narcotráfico, la guerra más absurda y letal de nuestro tiempo. Una guerra entre sistemas, donde la política y la economía, como en todas las guerras, tienen un peso importantísimo en una lucha sin final ni solución aparente, como el propio Matt le dirá a Kate en la película, no mientras un 20% de la población mundial siga drogándose.

Lo que diferencia a “Sicario” de otras crónicas sobre el narcotráfico no es el contenido, donde Villeneuve se sirve de un guión austero y preciso, es el continente: su puesta en escena, su fotografía, su ambientación, su banda sonora, la ambigüedad y desconcierto latentes, todo constituye un relato visual impecable, sobrio, cuyo ritmo funciona como un reloj, y que acaba pegando tu culo al asiento de tal manera que cuando salgas del cine aún notarás su peso en la espalda.

Como ya hiciese en “Prisoners” (2013) o anteriormente en “Incendies” (2010), Villeneuve se apoya en su innata capacidad de crear tensión para impulsar la narración de la trama. La escena inicial, que nace con un tema in crescendo de Jóhann Jóhannsson, puede ser uno de los inicios más demoledores del género, una declaración de intenciones sobre lo que vamos a sentir durante las 2 horas que dura la película: una tensión incipiente que crece y crece a la par que nuestro desconcierto, identificado a la perfección en una magnífica Emily Blunt, que consigue contener a su personaje ofreciendo una interpretación escandalosamente sobria.

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Curiosa e irónicamente, los puntos álgidos de esta tensión se dan en un atasco (¡menudo atasco!) a la salida de Juárez y en el silencio del desierto de Arizona, durante el anochecer. Si hace poco comenté que las puestas de sol existían para que Michael Mann las filmase, el director estadounidense tiene en Denis Villeneuve un heredero de garantías, gracias sobre todo al maestro de la cinematografía que lo acompaña, Roger Deakins, cuyo protagonismo narrativo compite a veces con los propios diálogos de la película, dibujando escenas verdaderamente memorables, ya sea mediante el uso de majestuosos planos aéreos o de íntimos acercamientos en primera persona.

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Y bueno, si al principio del texto comentaba que existen muchos tipos de líneas es porque “Sicario” cruza muchas de ellas. Cruza las líneas que separan el género del thriller con el de la acción, y también aquellas que definen y clasifican bandos y personajes. Cruza las líneas que separan lo estético de lo narrativo, el cine comercial del cine de autor y las que dividen lo visual de lo sonoro. Los personajes de “Sicario” también cruzan esas líneas. Todos. En otras películas las líneas se “cruzan” para justificar una acción de dudosa moralidad, sin embargo el personaje no deja de estar claramente definido. En “Sicario” los personajes están definidos por pequeños detalles que no consiguen ajustarlos ni encorsetarlos en ningún lado de la línea. Tengo que recalcar, que cuando cruzamos una línea, ésta automáticamente desaparece. Si mueves una línea de su sitio se borran los límites y todo se mezcla, no hay bandos, no hay niveles, no hay objetividad ni moral, y eso acerca mucho la ficción a la realidad, por lo que, por si no te había quedado claro hasta ahora, te estoy diciendo que “Sicario” es un peliculón de cojones, y que deberías ir a verla.

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¿Aún no te decides? Vale, pues deja que te hable por último de mi amigo Alejandro, el personaje de Benicio del Toro. Mi amigo Alejandro no habla mucho, pero cuando lo hace, puede salvarte la vida o acabar con ella. No es un hombre de palabras, sino de miradas, y con ellas te advierte de cuando debes dejar de apuntarle con un arma y cuando deberías haberlo hecho antes que él. Alejandro perdió a quien quería. Alejandro es capaz de enseñarte a Dios en la tierra y llevarte el infierno a la mesa mientras cenas. Alejandro es un lobo, y tú, no lo eres.

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“Youth”: Sorrentino y la vida.

“Youth”: Sorrentino y la vida.

Puedo entender que Sorrentino moleste. Su estilo es tan pomposo y arrogante que es más fácil que provoque rechazo que otra cosa, pero a mí, que me rindo ante su suntuosidad, consigue hechizarme. Tras el viaje que supone el visionado de “La Grande Bellezza” (2013), una visita a la mundanidad y una búsqueda de la belleza a través de la literatura, de la que hablo en este post anterior, podríamos decir que “Youth” (2015) es la mirada atrás en el camino, y a la vez, la mirada al frente, hacia el vacío de incertidumbre al que nos aproximamos desde el momento exacto en el que llegamos a este mundo. El que mira, a través de unas grandes gafas color café, es un Michael Caine poseído por un viejo y afamado compositor de música clásica, Fred Ballinger, que se encuentra atascado en su propio presente, viviendo, según le cuenta él mismo al médico que lo chequea, empujado por la apatía, aterrado por lo que le espera más allá del lujoso hotel donde pasa sus vacaciones.

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En ese mismo hotel se encuentra su amigo Mick, interpretado de manera maravillosa por Harvey Keitel. Mick es un experimentado director de cine, entusiasta a pesar de su edad, que está deseoso de realizar una última película que le sirva como testamento artístico. Para ello trabajará con un jóven grupo de guionistas y con la que ha sido su musa durante toda su carrera: Brenda Morel (Jane Fonda).

Ambos entablarán amistad con Jimmy Tree (Paul Dano), un actor talentoso, frustrado por el origen de su éxito (interpretar a un robot) que busca ansiosamente pulir los detalles que le permitan perfeccionar el próximo papel que tiene entre manos.

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Fred y Mick dan largos paseos por los caminos que bordean los bosques alpinos, disfrutan de las lujosas instalaciones de un balneario exclusivo, y hablan sobre su pasado, su presente y su futuro mientras observan como desfila ante ellos una extravagante colección de personajes: una Miss Universo con una mente cultivada y esculpida en un cuerpo perfecto, un dios roto del fútbol (homenaje a Maradona) con Karl Marx tatuado a la espalda, un monje que es capaz de elevarse sobre las inmundicias terrenales, una masajista que cree que no tiene nada que decir pero que es capaz de decirlo todo sin mover la boca, una pareja de ancianos que se guarda odio en forma de silencio y un deseo sexual que sobrevive al tiempo, prostitutas poco agraciadas, un niño que aprende y una niña que enseña…

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A través del ecosistema anteriormente descrito,  y gracias a una banda sonora y una fotografía sublimes, Sorrentino consigue mantenerme en todo momento en un estado de tensión emocional constante, abrumado por su imponente belleza, mostrando mediante una catarata de detalles la importancia de la amistad, el absurdo necesario que supone perseguir los sueños, la pesada carga de crecer sin olvidar o haber crecido y olvidado, fallar, morir. Desgarrador, por poner un ejemplo, el monólogo que se marca Rachel Weisz, interpretando a la hija de Fred, mientras destapa, rememorando su infancia, todos los fantasmas de su padre, dando rienda suelta a un arrebato de odio injustificado.

Además, todo esto se consigue mientras se homenajea a la música como creadora de nuevas emociones, al fútbol como absurdo magnífico y necesario, y sobre todo al cine, como ficción más allá del arte, como deseo puro y primero de trascender al papel de extras que nos ha tocado en esta vida.

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Quizás no consiga ser tan redonda ni personal como “La Grande Bellezza”, donde a uno le resultaba más fácil identificarse con el irresistible personaje de Jep Gambardella mientras vagaba en su espiritual búsqueda por las calles de Roma. Sin embargo, en “Youth”, la complicidad se reparte entre los personajes y los momentos que éstos comparten, creando un goteo emotivo que acaba, más tarde o más temprano, inundando al espectador, hasta embargarlo por completo en el tercer acto.

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El desenlace y lo que se extrae de él, duele. Duele y a la vez reconforta. Es difícil de explicar porque la película acaba conteniendo tanto que al intentar desmenuzarla se descompone en nuestras manos. Podría intentar relatar mis escenas favoritas, contaros por qué algunos planos me dejaban sin aliento, el motivo de que ciertos diálogos me emocionaran o la reflexión final con la que me quedo, pero no serviría de mucho, el arte es subjetivo. No se puede explicar “Youth” al igual que no se puede explicar la vida. Ambas hay que vivirlas.

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El western sobrevive: “The Homesman” y “Slow West”.

El western sobrevive: “The Homesman” y “Slow West”.

Mucho ha evolucionado el western desde que John Ford y Howard Hawks encumbrasen la edad de oro de este género norteamericano. Revitalizado por algunos como Clint Eastwood durante su etapa crepuscular, y adaptado recientemente por otros como Quentin Tarantino o los hermanos Coen, su alma y sus intenciones primarias permanecen intactas en la actualidad, ofreciendo historias vibrantes y realistas, mostrando las miserias de una tierra inhóspita, que corrompe y manipula a los hombres a través de sus parajes desérticos llenos de una belleza vacía.

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Hoy vengo a hablar sobre dos películas recientes, que guardan algunas similitudes entre sí, pese a ser completamente diferentes. Dos historias del lejano oeste que, respetando a los clásicos, buscan y consiguen innovar dentro del género, obteniendo un equilibrio perfecto entre lo antiguo y lo moderno.

La primera de ellas es “Slow West” (2015), la ópera prima de John Maclean, quien escribe y dirige esta peculiar aventura que sorprende, y de qué manera, por su inesperada calidad.

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Jay (Kodi Smit-McPhee), un joven e inocente muchacho, emprende un peligroso viaje hacia el oeste en busca de su amada. Al inicio de su travesía se cruzará con Silas (Michael Fassbender), un curtido forajido con el que formará alianza para conseguir llegar a su destino.

La historia nos muestra, una vez más, el viaje propio del western clásico, pero esta vez provisto de un guión sólido, que dibuja y cuida a los personajes en todo momento, con una narración fuerte, que aprovecha el paisaje y los excelentes diálogos además de explotar, inesperadamente, el humor más negro. Sorprenden gratamente la fotografía y la banda sonora, quizás por lo bien que conectan y enlazan la historia, siempre en sintonía con lo que se nos intenta transmitir desde la pantalla, obteniendo escenas realmente maravillosas.

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Con un diseño y una puesta en escena que recuerdan mucho a los trabajos de Wes Anderson, en “Slow West” se realiza un profundo análisis psicológico de los personajes, gracias en parte a la extraña y antagónica alianza que forman los protagonistas. Hombre y niño, héroe y antihéroe, ambos son los reflejos distorsionados de un mismo espejo, distorsión provocada, quizás, por el simple paso del tiempo. Muy buen uso de los flashbacks y los sueños, aportando un toque onírico que va muy bien con el estilo melancólico y ácido de la obra, y que sirven para cerrar el círculo narrativo de la película tras un final maravilloso, plagado de tiros, sal y emociones.

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La otra obra de la que vamos a hablar es “The Homesman” (2014) película dirigida y co-protagonizada por Tommy Lee Jones, que pese a estrenarse en Cannes el año pasado, acaba de llegar a los cines españoles este mismo fin de semana.

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La película, ambientada en Nebraska, narra de manera portentosa la historia de Mary Bee Cuddy (Hilary Swank), una mujer solitaria que se ofrece para llevar al mundo civilizado a tres mujeres que han perdido la razón en un pueblo perdido en mitad de la nada. Para ello, contará con la ayuda de Briggs (Tommy Lee Jones), un delincuente al que salva de la horca. Juntos emprenden un largo y peligroso viaje a través del desierto, desde Nebraska hasta Iowa, en el que tendrán que enfrentarse a indios, forajidos y a sus propios miedos.

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El relato, crudo y realista, comparte el respeto por el western clásico de “Slow West”, pero está enfocado desde un punto de vista más duro, donde la mujer es la total protagonista de la historia, reivindicando su papel en una época en la que nadie la escucha, mientras padece las miserias del hombre y lucha por sobrevivir en el lejano oeste.

De nuevo un viaje a través de un paraje hipnótico, bello, hueco y aterrador. De nuevo una extraña alianza, y de nuevo pinceladas de humor negro, menores eso sí, repartidas por la trama. La fotografía funciona de manera excelente, como lo hacía también en la película anterior, con el valor añadido de que aquí, las ideas más significantes que se intentan transmitir durante el relato, surgen de las propias imágenes: la humanización de la locura, el miedo a la soledad o el poder de la venganza, pero también un atisbo de piedad, de esperanza y de perdón.

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Es curiosa la visión feminista que es capaz de ofrecernos un señor de 69 años como Tommy Lee Jones, al igual que hizo recientemente George Miller en “Mad Max: Fury Road”. Tanto Hilary Swank como Charlize Theron interpretan a mujeres fuertes, capaces, determinadas, pero que se encuentran en contextos muy diferentes al de nuestros tiempos. Probablemente, en el mundo postapocalíptico de Mad Max no exista el mismo concepto de feminismo que conocemos porque éste ha dejado de ser necesario, la mujer ha conseguido posicionarse al mismo nivel del hombre, o al menos a uno mucho más cercano (véase el papel de Tina Turner en “Mad Max 3”) a pesar de que sigan existiendo tiranos machistas como los que vemos en “Fury Road”. Sin embargo, en “The Homesman” la mujer a la que da vida Hilary Swank se encuentra sola, buscando ansiosamente una compañía masculina pese a ser sobradamente capaz de sobrevivir por ella misma, y el feminismo aún no existe como tal, pese a encontrarse latente en la determinación de algunas mujeres incapaces de darse el valor que merecen, y evolucionará, como vaticina el personaje del propio Tommy Lee Jones, mientras esas mujeres sigan apareciendo a lo largo de la historia.

El Western está más vivo que nunca, ya sobreviva gracias al empeño de directores nóveles o a la entrega de artistas ya consagrados al cine. Mujeres y hombres, niños y adultos. Todos siguen teniendo una historia que contar en el lejano oeste, y maldita sea, sigue siendo un placer escucharlas (Spoilers):

Spectre: el final de la era Craig, Daniel Craig

Spectre: el final de la era Craig, Daniel Craig

El sostén rendido en el suelo de un hotel y el malo durmiendo con los peces. Es la rutina de trabajo del agente más famoso del cine, y la fórmula capaz de sacar adelante una de las sagas cinematográficas más exitosas de la historia, con 24 películas hasta el momento: Bond, James Bond. Apellido, nombre, apellido.

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Algo cambió allá por 2006. “Esa última mano casi me mata” pronunciaba, cargada de socarronería, la boquita piñonera de Daniel Craig en “Casino Royale” (2006). La carta de presentación del “nuevo” 007, adjetivo muy adecuado por varios motivos. En primer lugar, porque cerraba la etapa pija del carismático Pierce Brosnan, y en segundo lugar porque el personaje evolucionaría con Craig hacia un nivel bastante superior al mostrado por los anteriores Bond, aunando conceptos clave de todos ellos y dando un nuevo matiz al espía de su majestad, un tono más oscuro, más rebelde, más serio y realista.

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El clímax de esta renovación, de esta innovación, por así decirlo, lo encontramos en “Skyfall” (2012). Sam Mendes desnudó a la saga como si de una femme fatale se tratase, vistiéndola a la mañana siguiente con la delicadeza del que envuelve una obra de arte, creando la suya propia. Un 007 entregado a sus sombras, con los monstruos a la espalda y la muerte al acecho, lista para arrebatarle otro trocito de vida, M.

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Quedaba ponerle fin. Había que cerrar la etapa, seguir dando la talla, y satisfacer altas expectativas, además de dejar espacio para lo que venga en el futuro. Llega por fin “Spectre” (2015) el punto y aparte que sabe inevitablemente a final, dejando un regusto a Martini con Vozka algo agitado. No me malinterpreten, aunque no se sirve la mezcla perfecta, la cinta es entretenida, con un ritmo bastante adecuado a pesar de sus 2 horas y media de duración. Bond, actuando por su cuenta una vez más, tratará de desenmascarar a sus más temidos fantasmas, los miembros de la organización Spectra, presididos por Ernst Stavro Blofeld, interpretado por un magnífico, y algo desaprovechado, Christoph Waltz.

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Una pena que Mendes, a pesar de rodar con maestría las escenas de acción y de sacar adelante un guión bastante trabajado, se deje llevar en demasiadas partes de la película, especialmente aquellas donde se pedía a gritos un poco más de emoción, o, para qué mentirnos, un poco más de Monica Bellucci.

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La impresión final que deja James, bajo todo ese repertorio de respuestas ingeniosas y posturas ególatras, es la de llevar una impuesta actitud de determinación, espoleada por las ganas de poner fin a una vida de la que poco se puede salvar. Un asesino cansado de matar y de recoger los pedazos de un corazón que ha sufrido demasiado, pero que sigue adelante por el simple hecho de que no existe otra opción. No se puede parar a aquel que ansía renegar de su naturaleza, así como no se puede frenar un tren que descarrila. La recompensa, una fría y deslumbrante Léa Seydoux, le espera al final de la vía.

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Decimos adiós a, la que con toda seguridad, ha sido la etapa Bond más diferente, dolorosa, arrogante e inteligente. Serán tiempos difíciles, en los que habrá que buscar una nueva percha para el esmoquin, un nuevo dedo que apriete el gatillo y un nuevo carisma seductor. Se intentará, y puede que se consiga, pero poco a nada igualará esa mirada congelada de Daniel Craig, ni su legado como el 007 más revolucionario de la historia.

Para terminar, os invito a que comentéis (abajo del todo) quién creéis que podría interpretar al famoso agente británico en el futuro, recordad que, preferiblemente, tiene que ser inglés, por lo demás, ¿podríamos ver al primer James Bond negro? o, por qué no, ¿una agente 007 femenina? ¡Espero vuestros comentarios!.

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