Mis dos pasiones. El Real Madrid y el cine.

Hoy voy a unir dos pasiones. Una es el cine, el séptimo arte, la ventana a otros mundos, la única forma de ver algunos sueños hechos realidad. Otra, el Real Madrid. Si el cine era el séptimo arte, el Madrid es la décima, a secas.

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El equipo que muchos consideran como el mejor club del mundo aquí en España, pero también en China, Australia o Ecuador. No entremos a debate, si el Real Madrid no es el mejor equipo del mundo, sí que es el más importante, el más revolucionario, el “Ciudadano Kane” (1941) del deporte, pionero y a veces sobrevalorado por méritos propios, como aquella joya que deslumbró al mundo de la mano de un jovencísimo Orson Welles.

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Un club tan grande solo puede tener una afición posible y esa es, a la vez, la mejor y la peor. Por aquello de que es la afición más grande del mundo, se convierte en el colectivo con más tontos por aficionado madridista. Pasa algo así como con el cine de Christopher Nolan, genera amor y odio a partes iguales, pero son sus propios aficionados los que más amor y más odio son capaces de generar. A veces se sobre-explica tanto todo lo que pasa con este club que se acaba desgastando su historia, como pasa en “Origen” (2010) o “Interstellar” (2014). Pero nadie puede negar la grandeza de estas obras, ni la nuestra tampoco.

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Más de 100 años de vida que podrían usarse para estudiar la historia desde otro punto de vista, como en “Goodbye Lenin!” (2003) y una única palabra para definir el carácter del club: el señorío. Qué equivocados están algunos. El señorío del Real Madrid no es un señorío al uso, ni mucho menos. Es más como Humphrey Bogart en “Casablanca” (1942) trajeado, atractivo e ingeniosamente cínico, capaz de ligarse a tu mujer sin dejar de ser un caballero. Un señorío como el de Robert Downey Jr. en “Ironman” (2008) insultante y rebosante de ego, pero dispuesto a salvar al mundo cuando verdaderamente hace falta.

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Así es el Real Madrid. Para todos los públicos como “Toy Story 3” (2010). Si el paso a la madurez era jugar una última vez con los juguetes, en el fútbol lo es irte a ver el Madrid con tus amigos a un bar por primera vez. Siempre habrá un momento en el que volvamos a mirar esos juguetes con nostalgia, así como volvemos a casa a ver los partidos importantes con nuestro padre. Y llegará el día en que podamos volver a darle uso a esos juguetes, y tendremos que llevar a nuestro hijo con el abuelo a ver al Real, porque el madridismo es algo que va en los genes.

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Pero entremos en materia. Hablemos de fútbol. Cuando el Real Madrid juega, los flamencos detienen su migración para descansar en un balcón de Roma como en “La grande belleza” (2013) de Paolo Sorrentino, que por cierto es futbolero según me ha contado Javier Ocaña. El balón empieza a rodar y es como el plano secuencia de Paul Thomas Anderson al principio de “Boogie nigths” puro amor de escena que sirve para presentar a los personajes, los jugadores en este caso, que conforman auténticos repartos de ensueño que ponen en peligro el equilibrio de la naturaleza, como ocurre en “Reservoir dogs” (1992) o en “Ocean´s eleven” (2001). Si George Clooney y Brad Pitt pueden trabajar juntos, ¿Por qué no van a hacerlo James Rodríguez e Isco Alarcón?

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Hubo un tiempo en el que se decía que el Madrid jugaba a la contra. Porque el Real Madrid nunca juega a nada, pero de repente va ganando 4-0. Esas famosas contras son como “Mad Max: Fury Road” (2015) un inabarcable ataque continuo, una persecución sin descanso al rival, que corre temeroso de que le borren del campo. Otras veces, sin embargo, el Madrid se emborracha como samurái sin amo y tiene que tirar de la épica para remontar partidos imposibles, es entonces cuando me recuerda a “Seven Samurai” (1951) y a un inolvidable Toshirô Mifune. Es inexplicable como el Real Madrid posee esa capacidad de resurrección, el poder de levantarse una vez más cuando todos le creían muerto, como Michael Myers en “Halloween” (1978), pregúntenle al otro equipo de la capital, aún tienen pesadillas. Esas remontadas son indescriptibles, hay que vivirlas porque la mejor de las descripciones no les hace justicia, aún así, supongo que será algo parecido a lo que sentía Tim Robbins en “The Shawshank Redemption” (1994) cuando caía de rodillas bajo la lluvia.

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Cuando el Madrid empata o pierde no hay que tratar de entenderlo. Simplemente pasa. Buscar excusas, culpables y motivos es la especialidad de esta peculiar afición descrita anteriormente, pero la realidad es que no sirve de nada. Es un poco como el cine surrealista de Buñuel y David Lynch. Nadie sabe el motivo que impide a esos invitados salir de la sala en “El ángel exterminador” (1962) ni nadie es capaz de poner nombre a todos los simbolismos que aparecen en “Mulholland Drive” (2001). Es mejor dejarse llevar, como en el cine de Michael Mann, y esperar pacientemente a que el Madrid vuelva a ganar, porque lo hará, y disfrutaremos del trayecto como Colin Farrel cruzando el océano junto a Gong Li en “Miami Vice” (2006).

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Para ir acabando, y provechando que estamos en verano, no podemos obviar los periodos de fichajes que suele protagonizar con incuestionable autoridad este equipo. Es tal el grado de suspense que alcanzan algunas incorporaciones que podrían compararse con el cine de Alfred Hitchcock. Por ello, por la manera en la que llegan y por lo que hacen luego en el campo, es difícil no enamorarse perdidamente de los jugadores y entrenadores que han ido pasando por el club a lo largo de su historia, a veces, de manera demasiado efímera, como el personaje de Leonardo DiCaprio en “The wolf of Wall Street” (2013) y otras en cambio, con una estancia que acabó siendo forzada, como Jake La Motta encima del ring en “Raging Bull” (1980), pero al final, el escudo está y estará siempre por encima de todos ellos, como “The Godfather” (1972) lo está del resto del cine.

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Como decía Guillermo Francella en esa inolvidable escena de “El secreto de sus ojos” (2009): “una pasión es una pasión” y yo he intentado unir dos de mis más queridas pasiones. A veces me pregunto, como Sean Connery preguntaba a Kevin Costner en “The untouchables” (1987): “What are you prepared to do?” Por una pasión como el cine, por una pasión como el Real Madrid, la respuesta es fácil.

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