“Don´t fuck with time”: El cine más actual sobre viajes en el tiempo.

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Cómo molaría viajar en el tiempo, ¿verdad?, todos tenemos nuestras propias razones para querer viajar a través de él, ya sea para reparar algún error del pasado, ver cómo será nuestro futuro, tener una segunda oportunidad con el amor de nuestra vida o, por qué no, matar a Hitler.

El cine posee esa mágica capacidad para hacer realidad algunos de nuestros sueños y llevarlos a la gran pantalla, mostrándonos qué podría pasar si alteramos nuestro pasado o si jugamos con nuestro futuro. Como sobre esta temática se han hecho numerosas películas desde diferentes géneros y puntos de vista, vamos a centrarnos en las que lo hicieron más recientemente, en concreto, los últimos estrenos de este pasado año 2014.

“Interstellar” (Christopher Nolan)

“Interstellar”: La última película del venerado Christopher Nolan, un épico viaje a través del espacio (pero también a través del tiempo) para intentar salvar a una humanidad que ha sobreexplotado el planeta quedándose sin recursos. Hay que buscar un nuevo hogar, y para ello la tripulación liderada por Cooper, un reconvertido Matthew McConaughey, y Amelia, interpretada por la siempre correcta Anne Hathaway (que ya trabajó con Nolan en “The Dark Knight Rises”) tratará de encontrar un planeta con las condiciones idóneas para la vida humana. Tratándose de un guión de Nolan, su desarrollo no podía ser simple, a destacar la búsqueda de una fórmula que solucione el problema de la gravedad por parte de la hija de Cooper (Jessica Chastain) para poder trasladar a toda la humanidad en una nave espacial hacia un planeta habitable, y el que nos incumbe, el concepto del paso del tiempo en el espacio, que afecta a Cooper y a parte de la tripulación por visitar un planeta cercano a un agujero de gusano (mientras ellos pasan escasos minutos en ese planeta, en la Tierra pasan años) así como las interacciones espaciotemporales a través de una hipotética quinta dimensión. Casi nada. Película compleja y que abusa de las explicaciones, pero que también destaca por su poderío visual y sonoro, así como por el manejo del doble clímax que caracteriza a este peculiar director. Los fans de Nolan tendrán tantas razones para adorarle como sus “haters” para seguir machacándole.

“Predestination” ( Michael & Peter Spierig)

“Predestination”: Algo con tintes menos trascendentales, pero de igual o mayor complejidad es lo que nos encontramos en esta película protagonizada por Ethan Hawke, quien da vida a un agente especial de un departamento del gobierno donde se realizan viajes en el tiempo. Su tarea es encontrar y neutralizar a un peligroso terrorista cuya identidad se desconoce, denominado “The Fizzle Bomber”. Parece un argumento sencillo, pero no. No voy a contar absolutamente nada más del guión porque esta es una de esas pelis que hay que descubrir, no te la pueden contar. Al principio puede resultar demasiado pesada, y te parecerá que te estás enterando de poco o más bien de nada, pero es el precio que hay que pagar para conseguir introducir correctamente la historia. Aunque parezca que lo que te están contando no tiene nada que ver con nuestro agente y la búsqueda del peligroso terrorista, tú aguanta. Tras esto, las piezas del puzle empiezan a encajar: empiezan a sucederse los hechos, a encadenarse y a repetirse, hasta que finalmente, se crea la paradoja. Una vez pillado el rollo, tu cabeza irá trabajando a ritmo forzado para intentar anticiparte al final. Un juego de identidades y líneas temporales muy bien hilado, entretenido y que divierte, y mucho, una vez que aceptes entrar en su juego.

“Project Almanac” (Dean Israelite)

“Project Almanac”: Dentro del subgénero “found footage” (metraje encontrado) nos topamos con esta película sobre viajes en el tiempo hecha con y para adolescentes. Si os gustó la interesante propuesta de “Chronicle” (2012) esta peli será de vuestro agrado. El argumento aquí es mucho más sencillo que en los dos films anteriormente comentados, un grupo de adolescentes descubren las instrucciones para fabricar una máquina del tiempo a raíz de una vieja cinta doméstica que escondía un detalle que había pasado desapercibido hasta el momento. ¿Y qué hacen con esta máquina del tiempo? Pues lo típico: ganar pasta, ir de fiesta, intentar ligarse a la chica de sus sueños…pero claro está, no iban a hacer lo que les apeteciese sin liarla parda, que son adolescentes, y es que ya lo avisa el título de la entrada: “Don´t fuck with time”.

“Time Lapse” (Bradley King)

“Timpe Lapse”: La peli que más recientemente he descubierto, la ópera prima del director Bradley King, rodada con un bajísimo presupuesto y que tiene un argumento a priori sencillo, gracias en parte a la puesta en escena, que transcurre en un humilde complejo residencial, en concreto en el piso de nuestros tres protagonistas y en la casa de enfrente. La historia da inicio cuando estos tres compañeros de piso encuentran en la susodicha casa de enfrente una extraña máquina que saca fotografías de su salón cada 24 horas. Estas fotografías no son normales, si no que muestran lo que sucederá en el futuro próximo, justo 24 horas después. Es pues, una película sobre viajes en el tiempo sin viajes en el tiempo. La evolución de los personajes y las diferentes obsesiones que los van poseyendo conforme se desarrolla la historia son interesantes, aunque en ocasiones, por el tono de sus actuaciones y el estilo visual de la peli parece que estés viendo una película de sobremesa, de las de antena 3, esas en las que el malo es el mayordomo o, en su defecto, la cuidadora sexy que quiere usurpar el puesto de la fiel esposa en una idílica familia americana. Pero no, esto es cine de más alto nivel, donde los enemigos de los protagonistas son ellos mismos y sus ocultas y oscuras intenciones. A destacar el final, totalmente inesperado y que eleva bastante la concepción que se puede llegar a tener sobre esta película.

“Edge of Tomorrow” (Doug Liman)

“Edge of Tomorrow”: He dejado para el final la que puede ser mi favorita de todas las que aparecen en esta entrada, junto con “Interstellar”. Para empezar, y así en seco: Tom Cruise y Emily Blunt, toma cast. La película-videojuego podríamos llamarla, ya que como reza su lema: “Live, die, repeat” será la esencia de lo que nos vamos a encontrar en esta obra de ciencia ficción futurista en la que la humanidad está siendo arrasada por una invasión alienígena de mucho cuidado. Tom Cruise, que interpreta al comandante William Cage, es un tipo cobarde, que no está hecho para la guerra, y cuyo trabajo consiste en publicitar el ejército y conseguir que se aliste el mayor número de personas posibles. Tras evitar a través de un chantaje que lo llamaran para combatir, Cage es despojado de su rango y enviado en primera línea a contrarrestar el ataque de “los miméticos” (los aliens a los que se enfrentarán son capaces de mimetizarse con el entorno) con tan mala suerte que muere al poco de comenzar la batalla, no sin antes entrar en contacto con la sangre de un mimético más grande que los demás, un denominado “Alfa”.

Rita Vrataski (Emily Blunt)
Rita Vrataski (Emily Blunt)

A partir de aquí Cage se convertirá en un personaje de videojuego, y como Bill Murray en “Groundhog Day” (1993) volverá a despertar en el día antes de la batalla cada vez que muera, reviviendo exactamente lo mismo una y otra vez. La letal Rita Vrataski (Emily Blunt) será la encargada de entrenar a nuestro “héroe” y juntos intentarán acabar con la invasión alienígena que amenaza con exterminar a la raza humana. Un montaje excepcional, un ritmo trepidante, unas espectaculares escenas de acción y unos golpes de humor bastante conseguidos son las claves de esta desapercibida película, junto con la maravillosa actuación de un infravalorado Tom Cruise, características suficientes para convertirse, si el tiempo es justo, en una obra de culto.

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El descubrimiento del verano: El Cine de John Carpenter

John Carpenter (1948-actualidad)
John Carpenter (1948-actualidad)

Este verano he descubierto el cine de John Carpenter, y hablo del cine en general porque además de dirigir, este maestro del terror y la ciencia ficción (en combinación constante con otros géneros) también escribe, produce, edita e incluso compone. Y todo excepcionalmente bien.

John Carpenter y Kurt Russell
John Carpenter y Kurt Russell

Tengo que reconocer que lo mío con este afamado director ha sido amor a primera vista, algo tardío, ya que sus mejores trabajos se produjeron en la década de los 80, pero amor verdadero al fin y al cabo. Este enamoramiento viene, principalmente de la habilidad del director americano para hacer lo que le da la gana, tal que así. La capacidad que tiene para introducir ideas, recursos, técnicas, personajes, etc. que, con el tiempo, han trascendido a su cine para aparecer en el cine de los demás. La manera en la que trata los temas y realiza fuertes críticas a través de un cine gamberro y divertido. Y todo esto lo digo a pesar de que solo he visto 7 películas de entre las más de 20 que ha dirigido a lo largo de su carrera. Es sobre estas películas, las más reconocidas y populares de su filmografía, sobre las que voy a escribir a continuación.

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Assault on Precinct 13″ (1976): Comenzamos con un film de “clase B” que seguramente sea el precursor de lo que vemos actualmente en muchas obras del cine de acción. El peculiar homenaje de Carpenter a “Río Bravo” (1959) de Howard Hawks mezclado con “Night of the Living Dead” (1968) de George A. Romero posee una trama tan simple como efectiva, un desarrollo narrativo de videojuego, unos personajes con desarrollo cero pero perfectamente dibujados y que intercambian diálogos que deberían ser objeto de estudio (lo serán, como muchas cosas del cine de Carpenter) por como trazan los lazos entre los carismáticos protagonistas. Esta película es tan previsible como un “Call of Duty” y su punto de partida no tiene más justificación que un impactante pacto de sangre sin diálogo, pero divierte y entretiene tanto, que difícilmente puedes oponerte a que te atrape en su atmósfera opresiva. Un “western” que mezcla la tensión y la acción de manera magistral a través de una banda sonora de las que perduran en la memoria. Y esto solo era el comienzo.

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“Halloween” (1978): Primera obra maestra del director americano, quizás la más importante de toda su carrera, y sin lugar a dudas, la más rentable si tenemos en cuenta que se rodó en prácticamente 3 semanas y con un presupuesto que no llegaba al medio millón de dólares. Esta película significa la introducción de un nuevo subgénero dentro de las películas de terror: el “slasher”. Todas las películas que veis actualmente sobre un asesino invencible cuya arma es un cuchillo de carnicero de tamaño descomunal tienen su origen en esta maravilla. Y podríamos quedarnos ahí, pero es que además esta película posee implícita una clase magistral sobre la puesta en escena, el uso de la luz y la oscuridad, y el uso de la cámara en el cine de terror que perdura hasta nuestros días. Cuando vi hace poco “It Follows” (2015) pude reconocer fácilmente el cine de Carpenter en ella por la manera de rodar las escenas al aire libre y obligarnos a observar todos los detalles del paisaje por si el mal acecha, y esto solo es un pequeño ejemplo. Sin duda alguna, el personaje de Michael Myers, el mal encarnado, ya es historia del cine, así como la banda sonora que lo acompaña durante su peculiar vuelta a casa en una noche de Halloween.

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“Escape from New York” (1981): Primera película en la que colaborarán Kurt Russell y John Carpenter. Aunque aquí quizás Kurt Russell no nos dice nada porque la película pertenece en cuerpo y alma al personaje que interpreta: “Snake Plissken” (¿Pero no estaba muerto?). Aquí se observa un aumento importante del presupuesto y se empieza a intuir que Carpenter, cuando quiera, va a hacer lo que quiera. Como si eso supone realizar una crítica a todo el sistema capitalista estadounidense a través de una aventura de acción en la que hay que rescatar al presidente de los Estados Unidos de la ciudad de Nueva York, donde Manhattan se ha convertido en una enorme prisión debido al auge de la delincuencia en el país. Una divertida ironía si entendemos que el aumento exponencial de la delincuencia es debido a las ridículas leyes que ha impuesto el gobierno de los Estados Unidos, el cine de Carpenter es así de gamberro. Como decíamos, Snake Plissken es aquí el motor de una película peculiar, macarra, divertida, desenfadada y que lo mismo homenajea al cine de acción que lo ridiculiza y satiriza. Kurt Russell da vida a un personaje imborrable, legendario, que simplemente susurra o gruñe, y que con su mera presencia encandilará o pateará a quien se le cruce por delante.

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“Escape from L.A.” (1996): Vamos a permitirnos aquí un salto temporal hasta 1996, año del estreno de esta genial secuela donde Snake Plissken vuelve a ser utilizado para rescatar, en esta ocasión, a la hija del presidente de los Estados Unidos, la cual, se encuentra atrapada en la ciudad de Los Ángeles, que debido al auge de la delincuencia se ha convertida en una cárcel de máxima seguridad. ¿Os suena? Pues claro. Carpenter se homenajea y parodia a sí mismo, se da el lujo de copiar su propia película para exagerarla y reírse de ella, tal que así. Lo mejor es que le sale una obra que, desde mi opinión personal, supera a su predecesora, soltándose definitivamente la melena y ofreciendo un espectáculo sin complejos ni ataduras, que directamente se mofa del capitalismo, del gobierno de los Estados Unidos, del cine de acción de los 80, de la sociedad estadounidense y de lo que quieras encontrar si te esfuerzas un poquito a leer entre líneas a la vez que Snake Plissken vuelve a patear el trasero de todo lo que se mueve. A destacar el fanatismo religioso del propio presidente (de hecho, muchos de los “delincuentes” simplemente se encontraban encarcelados por no ser cristianos) o la obsesión por la estética de los monstruosos habitantes de Beverly Hills. Además esta obra posee un último plano final de Kurt Russell que justifica todo su visionado. “Snake is back”.

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“The Thing” (1982): Llegamos a mi favorita. La obra maestra del cine de terror donde se refleja a la perfección el miedo a lo desconocido. Kurt Russell (otra vez, gracias a Dios) vs “The Thing”. El problema es que “The Thing” puede ser cualquier cosa, puede ser cualquiera, uno de los alienígenas más jodidos de la historia del cine, sino el que más (ahí ahí con Alien y E.T.) que no va a parar hasta infectar y eliminar a toda la raza humana. La historia se desarrolla en una estación experimental en la Antártida, que se convertirá a la vez en búnker y prisión de nuestros protagonistas, claustrofóbica a más no poder, gracias en parte, a una de las bandas sonoras más injustamente descalificadas del maestro Ennio Morricone (fue incluso nominada a un “Razzie” a la peor banda sonora). Los efectos especiales que vemos en esta película pueden ser de los más sorprendentes de la historia del séptimo arte, de una calidad terrorífica, tremendamente efectistas y que aún sorprenden 30 años después de su estreno (fuck you, CGI) creando unos monstruos que se grabarán a fuego en tu retina, y es que cada vez la cosa se muestra, se exhibe. Evitando a toda costa los spoilers, no solo aquí, sino en el resto de las películas que estamos comentando, decir que el final abierto de esta obra consigue elevarla incluso más, consiguiendo que quieras ver de nuevo la película hasta ser capaz de resolver el enigma que se insinúa. El terror como nunca lo habéis visto, representado de una manera extraordinaria, palpándose en cada escena, en cada diálogo, en cada decisión de los protagonistas y en su realista desarrollo narrativo.

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“Big trouble in little China” (1986): San Francisco, barrio chino, ninjas malvados con poderes sobrenaturales y ninjas buenos que harán lo imposible por amor y amistad, un malo malísimo preso de una maldición, una damisela, o damiselas en este caso, en apuros y, de nuevo, Kurt Russell en medio de todo (toma ya). Pese a ser un trabajo menor de Carpenter, es divertidísima. Precisamente porque se atreve a hacer lo que le da la gana (una vez más) en una comedia de acción donde todo vale, incluso que el héroe no sea para nada el héroe. Jack Burton viene a ser todo lo contrario a Snake Plissken, y eso tiene su encanto, sobre todo cuando al final protagoniza uno de los momentos más antirománticos de la historia del cine. Diversión desenfrenada, acción pura y dura y un toque de aventura sobrenatural para conseguir un cóctel explosivo. Me dejó muy loco.

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“They live” (1988): Otra de mis favoritas. Impresionante como se desarrolla una idea tan compleja de manera tan natural y sencilla, eso es mérito de Carpenter, que vuelve a sus orígenes escribiendo, dirigiendo y componiendo la banda sonora de este peculiar film. La mezcla de géneros es tan necesaria y equilibrada aquí que podría convertirse en el principal error de aquel que tratase de trasladarlo a una película diferente (espero que nunca llegue un remake, y si llega, que sea del propio Carpenter). Ciencia ficción clásica, de la que engancha, rodeada al principio de un halo de misterio que nos atrapa por completo para luego añadir las pinceladas justas de acción y humor.
Una pena como transcurre el desenlace, un poco repetitivo y simplón, pasillero, muy de los 80, pero luego nos regala una última escena gloriosa para sacarnos una carcajada y reconciliarnos con la película. Una película que a pesar de tener más de 25 años permanece actual, que posee una extraña pelea de 10 minutos de duración que algunos no entienden e incluso encuentran tediosa y que representa de manera genial la resistencia que ofrecemos la mayoría a no querer ver la realidad. Probablemente la película que la casta no quiere que veas.

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Para terminar, comentar que no he querido introducir demasiados detalles sobre el argumento de ninguna de las películas que se han analizado, ya que, el principal motivo de esta entrada es despertar el gusanillo de todo aquél que la lea para que se enganche al cine de este maravilloso director, visionario y precursor de infinidad de ideas que se han vuelto a usar y de hecho aún se usan actualmente en el cine de terror y de acción décadas después. Como habéis comprobado, la mezcla de géneros es constante: el terror, la acción, la ciencia ficción, el humor, etc. lo que abre aún más el abanico de posibilidades y ofrece un entretenimiento de lo más completo a aquellos espectadores que sepan apreciar la obra de uno de los más grandes directores de la década de los 80, maltratado, en ocasiones de manera injusta, por la crítica de su país, y que, esperemos, vuelva a deleitarnos con alguna obra maestra más antes de su retiro del mundo del cine. Algunos todavía estaremos esperándole.

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Sobre True Detective II, Ray Velcoro y las rosas.

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ESTA ENTRADA CONTIENE SPOILERS.

“When the night has been too lonely,

and the road has been too long

And you think that love is only

for the lucky and the strong

Just remember in the winter

far beneath the bitter snows

Lies the seed, that with the sun’s love,

in the spring becomes the rose”.

Bette Midler – The Rose.

La segunda temporada de True Detective es muy rara. Es muy rara porque es una serie que en su primera temporada parecía más definida que ahora. Dejando de lado las comparaciones obvias que se limitan a calificar una temporada por encima de la otra, debo decir que el punto más débil de esta segunda temporada ha sido la trama. El argumento ha sido tan espeso e intrincado que ha desesperado a muchos seguidores que, injustamente, todo hay que decirlo, han optado por abandonar la serie, no sin antes despedazarla con una crueldad desmesurada. Aquí vamos a intentar ser algo más optimistas, sobre todo por como ha acabado finalmente la serie, con uno de los capítulos más angustiosos y potentes que recuerdo haber visto.

True Detective sigue siendo televisión de calidad, bastante por encima de la media. No se limita a entretener, sino que busca algo más. Podríamos decir que la primera temporada nadie se la esperaba tan redonda, acertaron en prácticamente todo: estilo visual, ambientación y fotografía, filosofía, psicología y desarrollo de los personajes y un casting brutal y que aún perdura en el recuerdo. Sin embargo, en esta segunda temporada, han intentado explotar aún más estas características, lo que ha resultado en un desequilibrio en favor de los personajes sobre la trama.

Un desequilibrio que ha pasado factura, como hemos comentado anteriormente. Al final a uno ya no le importa el caso en sí, nos da igual el grupo Catalast, Caspere, la corrupción del alcalde y de medio cuerpo de policía de Vinci, los diamantes robados, etc. y parece que eso es lo que se buscaba durante el desarrollo de los capítulos, porque esta historia ya la hemos visto antes en el cine negro, está repetida, gastada, nos la sabemos. Durante la primera temporada se criticó, y mucho, tanto la sencillez de la trama como la resolución de esta, y parece que la reacción ha sido complicarla de manera desmedida para que dejemos de prestarle atención, ¿el motivo? True Detective no va sobre los casos que se intentan resolver, y que, en dos temporadas no se han conseguido resolver en plenitud ninguno de ellos, True Detective va, precisamente, sobre los detectives que intentan resolver estos casos. Va sobre personajes como Rust Cohle o Ray Velcoro. Esto es algo que debemos comprender, y que la serie debe perfeccionar para recuperar ese equilibrio, porque es aquí donde True Detective se hace fuerte. Por desgracia, en ocasiones la ambición de crear personajes complejos puede ser un error y convertirse en un ridiculo, como ha ocurrido con Vince Vaughn y su poco creíble Frank Semyon (culpa de los guionistas, no suya).

Como decía, True Detective II se hace grande, enorme, cuando parece una novela. Cuando recuerda a “The Wire” y a las películas de Michael Mann. Y, personalmente, True Detective II ha merecido la pena por el personaje de Ray Velcoro. Cuando el nombre de Colin Farrell sonó para protagonizar esta segunda temporada muchos pusieron el grito en el cielo: “¿Cómo podemos pasar de Matthew McConaughey a este tío?”. Hay gente para todo, qué puedo decir. Supongo que a muchos no les crecerá nunca el bigote.

Ray Velcoro pasará, o debería pasar, a la historia de la televisión, como uno de los personajes más jodidos, maltratados, complejos, violentos, realistas, carismáticos y melancólicos que hemos visto nunca, dificil demostrar todo esto en tan solo 8 capítulos, pero seguramente sea así. Como dice la canción del principio de la entrada del blog, la misma que suena durante ese sueño Lynchiano del tercer capítulo de la temporada, Colin Farrell interpreta a un tío solitario en una noche muy oscura. Da forma a un perdedor, a una persona podrida, con un pasado enterrado bajo la amarga nieve del invierno. Su vida pudo ser diferente, o eso se dice a sí mismo, si no hubiese cometido los errores que cometío, desencadenados por la violación de su esposa y su búsqueda de venganza personal. Una espiral en cadena que lo llevó a corromperse y a separarse de su familia, a tocar fondo y a ser un personaje despreciable y sin escrúpulos. Pero Ray comprende que aún puede haber esperanza para él. Algo cambia cuando se da cuenta de que toda su vida ha ido girando para caer en picado por culpa de un error, el asesinato de la persona equivocada. A pesar de toda la mierda en la que estaba hundido este detective, a pesar de toda la corrupción, las traiciones, la violencia desmedida, las drogas, etc. Ray Velcoro no es una mala persona. Consigue encontrar finalmente la redención a través de la detective Bezzerides (espléndida Rachel McAdams) y se sacrifica por ella, muriendo en ese laberíntico bosque de árboles gigantescos, tal y como le habían advertido en su sueño, todo por ir a ver, una última vez antes de marcharse, a su hijo.

Ray Velcoro es, aunque nunca lo llegase a saber con certeza científica (pensad por un momento lo duro que debe ser dudar de que tu hijo sea en realidad el fruto de una violación, joder) el padre de su hijo. Es más, Ray Velcoro es el padre de dos hijos (un segundo hijo al que nunca podrá conocer, joder). Las semillas, fruto del amor, que durante la primavera se convertirán en rosas. Como decía Rust Cohle en ese inolvidable monólogo final de la primera temporada: “Antes solo había oscuridad, ahora parece que la luz está ganando”. Puede que pese a todo, esto se siga cumpliendo:


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True Detective es aún esa adolescente de la que caes perdidamente enamorado pero que aún no sabe muy bien quién es ni quién quiere ser, y se deja llevar por sus instintos y exagera sus virtudes para ocultar sus carencias. Y eso te vuelve loco pero también acaba jodiéndote. Debemos dejar que madure.

En definitiva, True Detective sigue siendo una serie a tener muy en cuenta, con mucho potencial y con algunos aspectos que aún debe pulir si no quiere caer en la autodestrucción, pero que se arriesga a ser diferente y que funciona muy bien cuando lo consigue.

Mis dos pasiones. El Real Madrid y el cine.

Hoy voy a unir dos pasiones. Una es el cine, el séptimo arte, la ventana a otros mundos, la única forma de ver algunos sueños hechos realidad. Otra, el Real Madrid. Si el cine era el séptimo arte, el Madrid es la décima, a secas.

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El equipo que muchos consideran como el mejor club del mundo aquí en España, pero también en China, Australia o Ecuador. No entremos a debate, si el Real Madrid no es el mejor equipo del mundo, sí que es el más importante, el más revolucionario, el “Ciudadano Kane” (1941) del deporte, pionero y a veces sobrevalorado por méritos propios, como aquella joya que deslumbró al mundo de la mano de un jovencísimo Orson Welles.

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Un club tan grande solo puede tener una afición posible y esa es, a la vez, la mejor y la peor. Por aquello de que es la afición más grande del mundo, se convierte en el colectivo con más tontos por aficionado madridista. Pasa algo así como con el cine de Christopher Nolan, genera amor y odio a partes iguales, pero son sus propios aficionados los que más amor y más odio son capaces de generar. A veces se sobre-explica tanto todo lo que pasa con este club que se acaba desgastando su historia, como pasa en “Origen” (2010) o “Interstellar” (2014). Pero nadie puede negar la grandeza de estas obras, ni la nuestra tampoco.

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Más de 100 años de vida que podrían usarse para estudiar la historia desde otro punto de vista, como en “Goodbye Lenin!” (2003) y una única palabra para definir el carácter del club: el señorío. Qué equivocados están algunos. El señorío del Real Madrid no es un señorío al uso, ni mucho menos. Es más como Humphrey Bogart en “Casablanca” (1942) trajeado, atractivo e ingeniosamente cínico, capaz de ligarse a tu mujer sin dejar de ser un caballero. Un señorío como el de Robert Downey Jr. en “Ironman” (2008) insultante y rebosante de ego, pero dispuesto a salvar al mundo cuando verdaderamente hace falta.

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Así es el Real Madrid. Para todos los públicos como “Toy Story 3” (2010). Si el paso a la madurez era jugar una última vez con los juguetes, en el fútbol lo es irte a ver el Madrid con tus amigos a un bar por primera vez. Siempre habrá un momento en el que volvamos a mirar esos juguetes con nostalgia, así como volvemos a casa a ver los partidos importantes con nuestro padre. Y llegará el día en que podamos volver a darle uso a esos juguetes, y tendremos que llevar a nuestro hijo con el abuelo a ver al Real, porque el madridismo es algo que va en los genes.

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Pero entremos en materia. Hablemos de fútbol. Cuando el Real Madrid juega, los flamencos detienen su migración para descansar en un balcón de Roma como en “La grande belleza” (2013) de Paolo Sorrentino, que por cierto es futbolero según me ha contado Javier Ocaña. El balón empieza a rodar y es como el plano secuencia de Paul Thomas Anderson al principio de “Boogie nigths” puro amor de escena que sirve para presentar a los personajes, los jugadores en este caso, que conforman auténticos repartos de ensueño que ponen en peligro el equilibrio de la naturaleza, como ocurre en “Reservoir dogs” (1992) o en “Ocean´s eleven” (2001). Si George Clooney y Brad Pitt pueden trabajar juntos, ¿Por qué no van a hacerlo James Rodríguez e Isco Alarcón?

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Hubo un tiempo en el que se decía que el Madrid jugaba a la contra. Porque el Real Madrid nunca juega a nada, pero de repente va ganando 4-0. Esas famosas contras son como “Mad Max: Fury Road” (2015) un inabarcable ataque continuo, una persecución sin descanso al rival, que corre temeroso de que le borren del campo. Otras veces, sin embargo, el Madrid se emborracha como samurái sin amo y tiene que tirar de la épica para remontar partidos imposibles, es entonces cuando me recuerda a “Seven Samurai” (1951) y a un inolvidable Toshirô Mifune. Es inexplicable como el Real Madrid posee esa capacidad de resurrección, el poder de levantarse una vez más cuando todos le creían muerto, como Michael Myers en “Halloween” (1978), pregúntenle al otro equipo de la capital, aún tienen pesadillas. Esas remontadas son indescriptibles, hay que vivirlas porque la mejor de las descripciones no les hace justicia, aún así, supongo que será algo parecido a lo que sentía Tim Robbins en “The Shawshank Redemption” (1994) cuando caía de rodillas bajo la lluvia.

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Cuando el Madrid empata o pierde no hay que tratar de entenderlo. Simplemente pasa. Buscar excusas, culpables y motivos es la especialidad de esta peculiar afición descrita anteriormente, pero la realidad es que no sirve de nada. Es un poco como el cine surrealista de Buñuel y David Lynch. Nadie sabe el motivo que impide a esos invitados salir de la sala en “El ángel exterminador” (1962) ni nadie es capaz de poner nombre a todos los simbolismos que aparecen en “Mulholland Drive” (2001). Es mejor dejarse llevar, como en el cine de Michael Mann, y esperar pacientemente a que el Madrid vuelva a ganar, porque lo hará, y disfrutaremos del trayecto como Colin Farrel cruzando el océano junto a Gong Li en “Miami Vice” (2006).

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Para ir acabando, y provechando que estamos en verano, no podemos obviar los periodos de fichajes que suele protagonizar con incuestionable autoridad este equipo. Es tal el grado de suspense que alcanzan algunas incorporaciones que podrían compararse con el cine de Alfred Hitchcock. Por ello, por la manera en la que llegan y por lo que hacen luego en el campo, es difícil no enamorarse perdidamente de los jugadores y entrenadores que han ido pasando por el club a lo largo de su historia, a veces, de manera demasiado efímera, como el personaje de Leonardo DiCaprio en “The wolf of Wall Street” (2013) y otras en cambio, con una estancia que acabó siendo forzada, como Jake La Motta encima del ring en “Raging Bull” (1980), pero al final, el escudo está y estará siempre por encima de todos ellos, como “The Godfather” (1972) lo está del resto del cine.

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Como decía Guillermo Francella en esa inolvidable escena de “El secreto de sus ojos” (2009): “una pasión es una pasión” y yo he intentado unir dos de mis más queridas pasiones. A veces me pregunto, como Sean Connery preguntaba a Kevin Costner en “The untouchables” (1987): “What are you prepared to do?” Por una pasión como el cine, por una pasión como el Real Madrid, la respuesta es fácil.

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Jake Gyllenhaal: Un vampiro de la interpretación.

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Jake Gyllenhaal en “Nightcrawler” (2014)

Llevo un tiempo formándome la opinión, cada vez más fundamentada, de que Jake Gyllenhaal es uno de los actores del momento, o, al menos, uno de mis preferidos, ya sea por sus papeles más recientes (Prisoners, Enemy, End of Watch) o por algunos ya más lejanos en el tiempo (Zodiac, Jarhead) en las que son películas de mi agrado.

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J.G. en “Enemy” (2013)

Aunque comenzó a actuar con tan solo 10 años, fue “Donnie Darko” (2001) la película que lo llevaría definitivamente a la fama. Curiosamente compartía pantalla con su hermana Maggie Gyllenhaal, que también hacía de hermana de Jake en la película. Más tarde daría un gran salto de calidad en su carrera al protagonizar junto al genial Heath Ledger, desgraciadamente fallecido, la polémica “Brokeback Mountain” (2005).

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J.G. en “Donnie Darko” (2001)

Este impresionante curriculo es el principal motivo de que tuviese tantas expectativas puestas en “Nightcrawler”, y queridos amigos, el bueno de Jake lo ha vuelto a hacer una vez más. En esta ocasión, demuestra su enorme talento dando vida a un auténtico vampiro sediento de imágenes de sucesos, cuanto más crudas y sangrientas mejor, un sociópata que se dedica en cuerpo y alma a la caza de las más crudas noticias criminalistas que suceden durante la violenta noche de Los Ángeles, y que posee la capacidad de hipnotizarte y aterrarte a partes iguales cuando se lo propone. Un espectáculo de interpretación, que se puede resumir en dos detalles faciales que me han llamado poderosamente la atención durante el visionado de la cinta: la profundidad que parece alcanzar a través de su mirada y la locura dibujada en su sonrisa a la hora de protagonizar los numerosos planos que se lleva durante la película. Solo con estos dos detalles es capaz de inspirar verdadero terror.

Inevitablemente me ha recordado a la interpretación de Cristian Bale en “American Psycho” (2000), aunque, personalmente, me quedo con la frialdad demente de Bloom a la hora de planificar y elaborar todo lo que se propone para lograr sus objetivos, desde la primera escena, donde demuestra su inestabilidad mental y su falta de principios robándole un reloj a un policía, hasta, tras un tenso in crescendo, alcanzar el éxtasis en una escena final repleta de acción y drama.

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Christian Bale en “American Psycho” (2000)

Sin analizar la trama a fondo, puesto que con esta crítica quería destacar sobre todo la interpretación de Jake, basta decir que el guión ha sido uno de los nominados a los Oscars, que el trabajo de fotografía es magnífico (Robert Elswit, el encargado de la fotografía, suele trabajar con el maestro Paul Thomas Anderson), y que los diálogos y la ambientación resultan fascinantes y a la vez desagradables por lo realista que puede llegar a ser el reflejo de la sociedad que nos pretenden mostrar.

Ojito también a los próximos trabajos de esta fiera interpretativa, porque prometen y mucho. A destacar, “Everest” y “Southpaw”, ambas verán la luz a mediados de 2015.

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J.G. próximamente en “Southpaw” (2015)

Mi recomendación absoluta a una de las películas más inquietantes del 2014 y que, tristemente, creo que pasará desapercibida para la mayor parte del público en general debido a la escasísima campaña publicitaria que ha tenido hasta el momento, tal vez por ser la ópera prima de un director desconocido (Dan Gilroy) que, si mantiene el nivel, sin duda dará mucho que hablar en el futuro cercano del cine norteamericano.

Conociendo a Satoshi Kon.

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“Perfect Blue” (1997)

Satoshi Kon murió un 24 de Agosto de 2010, pero yo lo conocí anoche, casualmente también en Agosto, pero tristemente ya es 2015. Fue mi hermano quien, tras ver un par de obras suyas (Paprika y Millennium Actress) me convenció para que “Perfect Blue” fuese la película nº 100 que visionaba este año. Se lo debo. Quién sabe lo que esta maravillosa mente hubiera sido capaz de crear si no nos hubiese abandonado de manera tan injusta y temprana. Cosas del cáncer.

Suya es la película de la que voy a hablar a continuación, la cual narra la complicada etapa que sufre una famosa cantante de pop japonesa, Mima, al dejar su actual grupo para comenzar a trabajar como actriz. Los motivos de este cambio nunca quedan claros del todo, pues se entremezclan los deseos de los representantes de la agencia para la que trabaja con los suyos propios e incluso con los de sus fanáticos más acérrimos. Esta curiosa mezcla de deseos vendrá a tener un gran peso durante el desarrollo de la trama, durante la cual nos sentiremos como un niño pequeño intentando formar un puzle con infinidad de piezas. Cuando ya lo creamos terminado, la trama avanzará y el puzle se nos romperá en mil pedazos para que nos comamos los sesos intentando formarlo de nuevo.

Comienzan las amenazas y posteriormente los asesinatos, los sueños, las proyecciones y visiones de la protagonista, aparecen y desaparecen sospechosos, incluso surgen síntomas de locura que nos hacen dudar de si lo que estamos viendo es real o no y, a la vez, nuestro cerebro va tratando de construir interpretaciones lógicas que se van quedando obsoletas con la siguiente escena que vemos en la película.

Juega con nosotros y nosotros nos divertimos. Pero también sufrimos, nos desesperamos, tenemos miedo y el nivel de empatización con la protagonista empieza a ser alarmante. Seguimos las pistas como si nos fuese la vida en ello y ya ni notamos el sofá en el que nos hemos quedado competamente anclados durante 81 minutos, hasta que acaba. Qué pasada.

Cuando terminé de verla, y tras recuperar el nivel de gravedad acorde a la Tierra, pude levantarme del sofá con un nombre en la cabeza: Darren Aronofsky. Sobre esto hablaré con un poco más de detalle en la zona de Spoilers.

Recomendar encarecidamente a los amantes del thriller esta obra maestra de la animación (ganadora del premio a mejor largometraje de animación en Sitges el año de su estreno) ya que consigue crear una atmósfera única durante su visionado gracias a la profundidad psicológica que alcanza, su creciente suspense y su potencia visual y extravagante surrealismo.

Zona spoiler:

Volvemos con Darren Aronofsky. Al terminar la película comprobé que no he sido el único en acordarme de este director y, concretamente, de su obra “Black Swan” (2010) ya que el desdoblamiento de la personalidad, el tratamiento de la psicología de la protagonista e incluso el parecido visual es tremendo y ha sido estudiado con posterioridad. De hecho, Aronofsky compró los derechos de la obra de Satoshi para copiar una de las escenas de la película e incluirla en “Requiem for a dream” (2000).

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“Perfect Blue” vs “Requiem for a dream”.

La inspiración que pudo provocar esta obra en otros thrillers y dramas psicológicos puede ser mayor si uno piensa en otras obras que traten desdoblamientos de la personalidad de manera parecida, como por ejemplo “Fight Club” (1999) de David Fincher. Curiosamente, otras obras de este autor, como la mencionada “Paprika” (2006) también ha inspirado a otros directores de alto nivel, como Christopher Nolan y su “Inception” (2010).

Como conclusión, una verdadera pena la pérdida del poseedor de la mente considerada como una de las más brillantes y talentosas dentro del mundo del anime. Quién sabe qué ideas y conceptos se dejó en el tintero.